ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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jueves, 5 de julio de 2012

No te quiero tanto, te quiero mejor.

Otro día más moría en Madrid, el invierno se calaba en cada uno de los huesos de la capital, y en cada uno de sus rincones revoloteaban las cenizas de los dos años que pasaron allí, refugiándose, paseando su historia. Hoy se han vuelto a ver, el destino ha vuelto a traer la casualidad sin avisar, y ahí estaban los dos, un año después, mirándose a los ojos, mirando dentro de ellos y a través de sí, como solían hacer, intentando disimular, intentando disimular los meses grises, las noches pensándose, los días sobreviviendo, intentando disimular la sonrisa por verse. Él rompió primero el silencio:

- ¿Sigues con tus historias?

- ¿Qué historias?

-  Ya sabes, esas tonterías que me decías sobre la felicidad.

- ¿Tonterías? - ella sonrió. - Sí, supongo que lo eran, y no, no sigo con ellas. Alguien me ayudó a comprender que la felicidad es transitoria y que sólo dura un rato. Intenté apropiarme de ella demasiado tiempo, y eso sí que fue una tontería, al final la perdí y la tristeza fue doble, como tus tequilas.

- Tú y tus metáforas, hay cosas que no cambian.

- La gente no cambia, evoluciona.

Sus palabras destilaban rencor y cariño a partes más o menos iguales, cómo lo hacían es algo que sólo pueden saber dos personas que se han sangrado por odio y por amor a la vez.

- ¿Y tú? ¿Sigues con la música?

-  Eso es algo que nunca se deja, pequeña.

- Cierto, se me olvidaba que el rock n' roll era tu droga favorita.

- Relativamente cierto. - en realidad, su droga favorita era ella, y ahora que la tenía tan cerca, la ansiedad y el mono volvían a apodarse de él. Y, en realidad, ella lo sabía, y sonreía por dentro.

- Suerte. - esa fue su despedida.

Ella iba a desaparecer, era así de impredecible, llevaba un año ansiando encontrarle de nuevo y ahora era ella la que se escapaba. Él sabía que no podía retenerla así que, como tantas otras veces, la dejó ir, era fiera y libre, al igual que él, por eso se habían acabado destruyendo.

Ella se alejaba, él la observaba mientras se encendía un cigarro. Y, como si se le hubiese ocurrido de repente, ella se giró y gritó:

- Ya no me quieres tanto, ¿verdad? - sonrió.

Él también sonrió automáticamente, mientras respondía:

- No te quiero tanto, te quiero mejor.