ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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jueves, 14 de junio de 2012

A veces sobran reflejos, a veces falta valor.

¿Cuanto tiempo tiene que pasar después de un adiós para qué te empiece a sangrar el corazón? Ya os dije que el tiempo es relativo y en este caso el dolor también. El dolor por la pérdida rozará el infinito si es una despedida sincera, de verdad, de esas llenas de te quieros, de nuncas en los que no os olvidaréis, de palabras vacías pero que en ese momento llenan cada lágrima, cada silencio, alma y corazón. Sin embargo, el dolor ni siquiera pasará por aquí cuando la despedida ni siquiera llegue a ser eso, despedida, cuando el fin esté lleno de odio y rencor, cuando lo malo tiña de negro lo bueno. Aquí el final llega de golpe, sin avisar, sin que te lo esperes, y sin que apenas te sangre, lo único que te hace sangrar es la rabia, la rabia por las preguntas que no paras de hacerte y que no te serán contestadas, rabia por no entender, rabia. En este último caso el dolor sangra después, aquí el tiempo es crucial, pues no es hasta que todo pasa, hasta que todo vuelve a su nuevo lugar, cuando notas el vacío. No es hasta que la vida se reanuda cuando te empiezas a preguntar por qués y por qués no y, joder, creéme que eso duele y sangra y devora y te revuelve por dentro y subes, bajas, sonríes y son nadas, y miras al pasado y empiezas a echar de menos y de más, y en parte te odias por ello, y en parte odias todo lo demás. Y al final, como en el caso anterior, sólo queda el dolor por la pérdida, ya no hay vuelta atrás, ya sólo queda decir eso de 'Buena suerte y hasta luego.'